Las barras bravas de la política son completamente sordas a la ironía.
En estos tiempos de intolerancia, el debate democrático pareciera
admitir solo una postura: la indignación rabiosa.
Alejandro Gaviria
(en su ensayo “Jonathan Swift y los límites de la ironía”)
Bolívar, derrotado y enfermo, en su lecho de muerte en Santa Marta, expresó: “El no habernos arreglado con Santander nos ha perjudicado a todos”. Quizá de ahí parte la polarización histórica dominante en Colombia. Pero nunca es tarde para insistir en procesos de construcción colectiva, forjando campos que opaquen los intereses personales e ideológicos, y engrandezcan el interés común.

Alejandro Gaviria es personalidad conocida y apreciada, como intelectual íntegro, ilustrado y analítico, académico de fuero motivador, gestor público en campos muy sensibles en las comunidades como son la planificación estratégica y la salud. Investigador de la pobreza en sus causas y realidades sobrecogedoras. Y pensador con apego a los creadores de la literatura y del arte, al amparo de la filosofía liberal humanista, como la expuesta por María Zambrano, en los términos de conexiones y desarrollos de “Cultura y democracia, Individuo y sociedad, Razón y sentimiento, Economía y libertad”.
Sin olvidar que la “Misión Internacional de Sabios 2019” señaló como propuesta sustantiva, la principal, el “Transformar la economía y la sociedad de tal manera que desarrollo humano, equidad, bioeconomía y sostenibilidad se muevan armónicamente en la misma dirección.”
En sus lecciones en el Rectorado de la UniAndes, Alejandro apelaba con naturalidad a poetas de cabecera: a Rafael Cadenas, quien evocaba al amor detenido en el aire como una mano por otra mano, a Eugenio Montejo que hablaba de la compasiva melodía de las estrellas, a Borges Cuando los relojes de la media noche prodiguen/ un tiempo generoso,/ iré más lejos que los bogavantes de Ulises, entre otros. Lo que indica su capacidad de motivar la creación para buscar soluciones sin apego a dogmas u ortodoxias.
La participación de Gaviria en la vida pública trae un aire fresco, renovador, a la manera como en sus momentos lo hizo nuestro Antanas Mockus, distante de capillas, de sectas, de fanatismos, y ajeno totalmente al odio, a las controversias y debates pasionales. Su ideario de 60 puntos enuncia a las claras ese espíritu sosegado, laborioso, imaginativo, sin populismos ni argucias de engaño.
Tiene usted la palabra, muy apreciado Alejandro Gaviria, en este Auditorio/Paraninfo que rememora la vitalidad de los estudiantes, y en general de la juventud, en todas las épocas.
En Aleph. Universidad de Caldas, “Teatro 8 de Junio”, 07.X.2021; 09:45 am

